jueves, 28 de julio de 2016

Show must go on.

Todo el mundo desea tener un novio. Nos imaginamos como será, como hablará y lo bonito que será compartir la vida, los sueños y el hilo dental contigo. ¿Por qué tan pocos tienen novio? Porque mentimos. No nos comprometemos ni con una planta, ¿cómo vamos a hacerlo con una persona? Pues he aquí la cuestión. He estado unos días rondando por tierras algo más vascas que las mías para dar respuesta a éstas preguntas. Sin embargo, solo he podido encontrar más preguntas. 

Nada más llegué a cierto pueblo norteño adornado de largas guirnaldas de colores, me quedé estupefacto al ver la ingente cantidad de machomen que pasaban por mi lado, completamente apretados entre pantalones blancos. Algo insólito. Pero como mi etapa de "enamorado de heteros" ya la había pasado antes de los dieciséis, los dejé pasar sin más. Así pues, un día más tarde y con los huesos hechos papilla por el sofá tan cómodo de mi amiga, me dispuse a encontrar al amor de mi vida. No sé si es que los leprechauns me escuchan o que... pero allí estaba, entre luces y humo, en lo alto del escenario cantando Disney, el chico más guapo que podía haber visto. Estaba allí puesto para mí, os lo aseguro. Alto, guapo, cachas... 

¡Y CANTANTE DE VERBENA! ¡Qué más podía pedir! 

Aún así, traté de controlarme. Poco a poco me acerqué a la primera fila, con la buena compañía de mi amiga, para que se fijara algo más en mí. Fue inútil. No sé si es que no le llamaba la atención lo suficiente, si mi amiga hacía señales de humo o qué, que ahí estaba él dedicándole todas las canciones a ella. Me di por vencido. Pero tranquilos, esto me duro dos segundos ya que él gran cantante me vio hablando con mi amiga, explicándole claramente que era hetero y se había fijado en ella, cuando me dedicó un guiño, una sonrisa y un gesto que hacia referencia a la pegatina de "Soy Gay, Lesbiana, Transexual, Heterosexual... Soy libre." de las fiestas de este pintoresco pueblo. Solamente podía cuestionarme a mí mismo y preguntarme, ¿será verdad que Disney embauca a los hombres para convertirlos en gays o solamente era un chico tratando de ser amable conmigo sin ninguna razón oculta? Así que ahí estaba yo, plantado contra una verja a escasos metros de este hombre tan atractivo, cegado por la luz de los focos y viéndole bailar y mover las caderas como nadie. Como no podía faltar, a las cuatro de la mañana ya, un poco pedo y con ganas de más, terminó el muchacho su trabajo y fuimos en su busca al backstage. Me dio dos besos (de cerca era aún más guapo si cabía) y creo que no le he dado a nadie dos besos tan cerca de los labios como traté de dárselos a él. Barbita de cuatro días, ojos ambiciosos y un cuerpo que el mismo Dios le había dado para que lo luciera con ganas. JO-DER. Pero volvamos a la realidad un momento y termino de contaros. Hablaba con mi amiga, me miraba, hablaba con mi amiga y volvía a mirarme. Así varias veces hasta que yo no pude morderme la lengua más tiempo. 

.- Oye, entre el nombre de Miriam (mi amiga) y Unai, ¿cuál eliges?
.- Ah, eso es muy fácil, a los dos ja, ja. (No te vas a escapar...)
.- Venga, va. ¿No me vas a contestar de verdad?
.- Sí, sí... no tengo ningún problema. Soy gay, sí.

Fuegos artificiales. Chispas. Elefantes rosas dando tumbos. Todo lo que os podáis imaginar, vaya. Tenía al menos una oportunidad de captar su atención y mira tú por donde... Pero siento decepcionaros, porque el muchacho solo me dijo su nombre para que lo buscara en Facebook, se sacó una foto conmigo y mi amiga y nos dijo que nos dejaba que tenía que descansar. Ni un triste beso que hiciera que sus labios besaran los míos. Fracaso absoluto. Ahora, a pesar de dejar al chico más atractivo de todos abandonado tras una lona negra, me aceptó en Facebook tranquilamente (aunque le haya hablado y no haya recibido respuesta...).

Así que bueno, por lo menos me llevo unas buenas fiestas bien aprovechadas y el recuerdo de ese chico hasta que consiga borrarlo del todo. ¿Tengo una flor negra en el culo que hace que todos los hombres como él me dejen en la estacada o es que soy yo que no sé interpretar las señales de los hombres? ¿Son ellos ahora los complicados o es que realmente no somos capaces de comprometernos? Quién lo sepa que me lo diga.

viernes, 22 de julio de 2016

Ven a jugar conmigo.

Con la gran afluencia de redes sociales mariconiles a nivel mundial (grindr, bendr, growlr, twitter...) ahora es posible conocer a cualquier chico de cualquier parte del mundo. Y lo que es más, algunos se atreven hasta a llevar una "relación": quedan todos los días para hablar por Skype, se envían constantemente mensajes por Whatsapp... ¡¡Internet acorta distancias!!

Yo siempre he pensado que este tipo de relaciones están condenadas al fracaso. Tú, viviendo en Madrid, conoces a un chulazo de Nueva Zelanda, os queréis, os amáis, tenéis conversaciones super profundas. Quedáis cada dos días por el Skype, hacéis vuestro sexo cibernético... ¿y luego? ¿¿Contacto físico?? Por mucho que te puedas aliviar en tu soledad, siempre hace falta no solo un meneo si no también un abrazo de vez en cuando. Para solventar este tema ha surgido otro invento: las aerolineas low cost: Ryanair, Vueling, Easyjet... van llenas de muchachos que esperan conocer al hombre de sus sueños o ya lo están viendo con regularidad.

Una muy buena amiga, algo reacia a los tíos románticos, tuvo una primera relación a distancia,  pero fue... cómo decirlo... poco constructiva. Y lo que comenzó siendo amor pasional se convirtió en agobio marital. Él se obsesionaba constantemente con las preguntas classic: ¿dónde estás? ¿con quién? ¿qué haces? ...  y un largo etcétera que todos conocemos. Terminaron por dejarlo claro está. Sin embargo, y después de que un servidor haya dado su opinión de que las relaciones a distancia son para gente más valiente; debo de decir que ahora mismo tiene otra relación ¿a media distancia? Él es isleño, ella pura vasca, pero se ven durante el curso escolar, luego como pajarillos vuelan a sus respectivos nidos. Como buen amigo que soy, no podía evitar preguntarme ¿debería decirle que su relación no durará más que eso, un año escolar, o hacerle ilusiones y convertir su relación en un cuento de hadas? Sea como fuere, el tiempo me dio un canto en los dientes. Y ahora ellos dos siguen manteniendo una relación feliz y sexualmente muy activa desde hace casi ya dos años. Sí, todo es súper bonito, súper de color rosa, amor, flores y acoiris... pero seamos realistas. Saludemos a lo que se acaban convirtiendo en polvos caros. "Ven tú aquí una mes y luego voy yo", "da igual, me pillo una habitación de hotel", "te he traído esto de regalo porque nos vemos poco..." Y así hasta el final de los tiempos, ahorrando día sí y día también para poder ser felices y comer perdices. ¿Compensa? Según mi amiga, por supuesto. "El amor verdadero no se expresa, se siente." Eso es lo que dicen ellos. Por esa misma razón, en éste páramo tan grande y desolado de comedias románticas, no podía no preguntarme si habrá un amor perdido por ahí como el de ellos para un hombre que tiene un mejor control sobre sus habilidades motoras que Katherine Heigl.

De todos modos amigos, a día de hoy solo me puedo imaginar viajando de un lugar a otro no para buscar al amor de mi vida, si no para ver con mi Pokemon GO qué animalejos me esperan por otros lares que no sean madrileños.

martes, 5 de julio de 2016

Por un beso.

Después de haber estado durante una semana sintiéndome orgulloso de lo que soy, he vuelto a caer en la realidad. Encontré la manera de respirar en un ambiente en el que los osos no andan a cuatro patas (o sí), que hay otros que se lanzan a la piscina y no usan ropa interior y otros que simplemente, son sencillos hombres que te encuentras y deciden besarte. De entre toda la fauna que me podía haber encontrado en Madrid esas cinco noches de Orgullo Gay, han sido tres los chicos con los que me quedo. Cada uno, más diferente que el anterior y es que no podía evitar preguntarme si aquello era normal o cada uno tenemos un estereotipo que queremos, y muchas veces necesitamos cumplir. 

El primer día, me encontré con Dani*. Fue algo esporádico y poco previsto. Una unión entre dos chicos que estaba guiada por el alcohol. Ambos dos nos dimos un beso que, amigos, debo admitir que no voy a olvidar. Menudos labios tenía el cabrón. Dani se convertiría en un asiduo whatsapp durante todas las fiestas. Un chico sencillo, algo más afeminado pero que quiso mi teléfono fuera como fuese. Por lo que, ya que el mío estaba apagado, se lo di a su amiga. Fue en ese momento cuando su subconsciente le falló y me hizo creer que quería verme más, pues me dijo: más te vale que sea tu verdadero número, capullo. No sé si será ese aspecto de chico malo o qué lo que nos atrae a todos nosotros, y también nosotras, pero él lo tenía y era digno de saborearlo. Así pues hablamos todos los días intentando quedar antes de que me fuera a Vitoria, mi ciudad de toda la vida. Pero fue un fracaso absoluto, el no estaba por la labor y yo menos de perder el tiempo, así que el destino acudió a mí y a mis amigas para darles la razón; hizo que todas las noches sobre la misma hora se me apagara el teléfono, cansado de escuchar un; Joder, quiero verte, pero no sé. Amigos, ahí es cuando debéis acudir a la mejor consejera de todas, que no es Oprah, si no vuestras amigas. No paraban de preguntarme si merecía la pena o no pero yo no podía dejar de repetirme ¿somos nosotros unos masocas que buscamos a cualquiera y nos ilusionamos tan rápido, o simplemente podemos dejar pasar estos líos de verano más rápido que una foto de Snapchat? Ese mismo día, coincidí con Pablo, un chico de lo más natural y que me dejó enganchado hasta el último día que le vi. Todo el mundo le conocía y aún no sé por qué. Supongo que todo quedará en el olvido, pues no daba su teléfono a nadie, y no sé nada más de él.

El quinto día, me encontré con Adrián*. Aquel si que fue un chico que me dejo un poco tocado y hundido. Mira que no creo en los accidentes a simple vista, pero no sé que me pasó con él. No era para nada alguien en el que me fijaría si no hubiera estado sentado en el portal de mi amiga, a la que adoro y me hacía esperar al momento exacto para ir a tomarnos un buen cóctel. Así que allí estaba él, con sus sandalias de David Delfín, desgastadas ya del uso y una camisa que dejaba entrever el pelo en pecho de un hombre desarrollado. No sé ni cómo ni en que momento, pero gracias a mi amiga, terminamos los dos contra la puerta de su portal enrollándonos como si no hubiera un mañana. Me exigió mi teléfono, apagado como siempre, para hablar conmigo. Me prometió que volvería, que iba a estudiar en Madrid el año que viene y que todo era verdad, pues su hermana ya vivía aquí en Madrid. No obstante, cómo puedo ser tan iluso de creérmelo. Que sí, que comenzaremos hablando mucho, nos prometeremos la Luna, pero poco a poco nos olvidaremos y nuestra conversación acabará en el fondo de la lista de contactos. Esa es la manera que tiene Whatsapp de decirnos que esa persona nos ha olvidado. Así que no sé si será verdad o mentira, y de camino a casa me preguntaba repetidamente si podría tener razón, si de aquí saldría algo mágico o quizás no, que mi amiga lo había aprobado y eso me hacía feliz pero, ¿necesitamos sentirnos queridos porque los demás nos lo dicen o por que realmente necesitamos sentirnos así? No sé si por casualidades de la vida, o por la cachondo que me había dejado Adrián, me encontré con el vecino de mi amiga, Fran*. Un tío de armas tomar que había experimentado su crisis de los cuarenta estando ahora en Madrid y buscándose a cualquier chico de veintipocos años para follárselo en su cama de dos por dos. Si algo tenía Fran era que era completamente sincero. Supo halagarme con caricias, palabras y gestos; hasta llegar el punto en el que le sobe soberanamente frente al Hotel Oscar. 

Sin embargo, tras todos estos enfoques de tíos completamente distintos, de superación de agobios ilimitados a las tantas de la noche, de exigencias de besos y abrazos cuando no lo son necesarios, hay algo que como siempre, no me falló y es que prefiero mil veces conocer a chicos de pasada bien acompañado por una buena y fabulosa amiga que me los quite de calle. Sí, puedo ser un idiota y no haber disfrutado de estas fiestas tanto como podría haberlo hecho, es más, ¿somos personas dispuestas a conocer a otras personas y pasar un buen rato o solamente somos adictos a los enamoramientos fugaces? Puede que algún día consiga responder a esa pregunta. Hasta entonces, tendré que esperar al siguiente Orgullo para demostrármelo.


*Nombre cambiado para proteger al verdadero inocente.


domingo, 26 de junio de 2016

Reunión preducha.

Hay algo especial que tengo que remarcar de una ciudad tan tolerante como es Madrid; los gimnasios. Hacía mucho que no me apuntaba a uno (por no decir casi que era el primero), y me temía lo que me iba a pasar. Mi sueño desde pequeño siempre había sido vivir en el barrio de Chueca, en un piso bien hipster, pero me tuve que conformar con buscarme un gimnasio por allí. Cuando entré, la sensación de testosterona acechante se podía oler desde el primer momento. Me atendió una chica bastante jovencita, rubia, que me explicó todo lo necesario para pagar las cuotas, usar las máquinas y hacer culo en spinning. Al parecer a ella no le gustaba nada mi culo, y mira que siempre me he sentido orgulloso de ello, pero cuando dejó de preocuparse por él y centrarse en mí, me preguntó algo que si que no me esperaba. "¿Eres gay?" Así, sin paños calientes. Como un jarro de agua fría. Mira que me da igual que me pregunten mi sexualidad, pero ¿en un gimnasio? "Verás, es que puedes sentirte incómodo o no en los vestuarios, por eso te lo digo." Anonadado. Boquiabierto. Petrificado. Sin palabras. ¿Debía tener un carné especial que especificase que me gustan las barbas, o simplemente era una formalidad del barrio en el que estaba el gimnasio? ¿Y qué si no era gay? ¿Acaso somos carnívoros que devoramos la primera presa que se nos pone desnuda delante? 

Una vez había conseguido mi carné, huí de aquella mesa lo antes posible. Pasé los tornos tranquilo, y me metí al vestuario, no había nadie, me cambié tranquilo, y salí ha hacer un poco de ejercicio. Bueno, lo que me encontré delante no tenía precio. Yo iba a hacer ejercicio, ducharme y volver a casa, pero estar con los treinta tíos de las clases de karate, con pura hormona masculina en el ambiente, pues me hicieron perder un poco bastante la ecuanimidad. Pero el "peor" momento, fue la vuelta a los vestuarios. Sabía a que hora terminarían ellos de estar allí, así que diez minutos antes, me fui a la ducha. Sin embargo, estaba duchándome tranquilamente cuando un super chulazo se me pone al lado a enjabonarse y enseñarme su super rabo y su cuerpazo. El empalmamiento no se hizo esperar, y tuve que pensar en todo tipo de antierotismos para que volviera a su estado normal. Y así con los veintinueve restantes. También os digo que me sentí observado en varias ocasiones, y lo que podía haber terminado en una perfecta orgía, (que no hubiera estado mal), terminó con una cancelación de la suscripción al gimnasio y una buena ducha fría en mi casa. No voy a negar que aquello no me gustara, pero no podía evitar preguntarme si serían los gimnasios los nuevos cuartos oscuros, o si solo se habían convertido en lugares públicos legales para exhibirse sin problema. 

Y es que ahí esta la historia.

Muchos de mis amigos heteros, no voy a decir poco tolerantes si no, reacios a hacer bromas homo, me han contado que presa del narcisismo, se dejan mirar por los gays para que contemplen lo buenos que están, y ahí estamos nosotros para rendirles culto. Y ya no solo eso, si no que están obsesionados con entrar en un vestuario de chicas para verlas a todas en pelotas. Y eso precisamente tenemos todos los gays o lesbianas. Todos los tíos al alcance de la vista, por mucho que se tapen siempre tendremos esas bonitas duchas colectivas donde todos juntos nos lo miramos todo mientras nos enjabonamos. Puede ser que hasta yo mismo me haya respondido a mi pregunta y sí seamos depredadores carnívoros, pero ¿acaso no es natural calentarse, expresar deseo o follarse a un tío? Eso no tiene nada de animal, y puede ser increíble. 

martes, 7 de junio de 2016

Padre sabe más.

Dentro del mundillo de razas que pululan por el universo de los hombres madrileños, existe una que me llama bastante la atención. Se trata de ese tipo de abueletes que intentan conquistar a jóvenes efebos con dinero, cenas en restaurantes caros y regalitos de los que no te traen los reyes, pero que te encantaría que te trajeran. Según la wikipedia inglesa, se llaman Sugar Daddies. 

Que conste que yo no tengo nada en contra de aquellos a quienes les gustan, aunque se lleven más años que tiempo le costó a Rapunzel peinar su melena. El tema en este caso son los hombres de musculados brazos y pelo canoso, cubiertos por una sed de sexo joven.

Esto me lleva a una experiencia que tuve en un viaje un poco loco por zonas francesas. En mi vida me había cruzado con un Sugar Daddy hasta que llegué allí. Un día que entre copa y resaca decidí hacer un tour por algún lugar que tuviera un poco de cultura, por aquello de sacar fotos y enseñarlas en casa, vi a un pedazo de tío maravilloso, marcado tanto o más que los abdominales del mismísimo Matthew Daddario. Supuse que todavía no me había despertado de la noche anterior, así que me restregué bien los ojos, pero allí estaba él, mi supertío, uno en kilómetros a la redonda. Esto último me sorprendió, puesto que era de la raza musculoca y estas no suelen ir solas ni al baño. En fin, que de repente lo veo hablando con un tío, que podría ser mi padre, envuelto en esteroides y barba canosa, pero imaginé, sin querer pensar mal, que sería algún familiar y que lo acompañaba de excursión. Total, que me subo en el tren que nos llevaba al lugar en cuestión y aquel hombretón comenzó a darme cancha. Que si era español, que si la zona a la que iba estaría llena de maricones, que si el supertío era su pareja y que llevaban 10 años juntos... 

Ahí ya empezó todo a descuadrarme.  

No entendía mucho de que iba el tema, pero los dos eran muy simpáticos y el machomen cuarentón empezó a invitarme a comer, a que usara el jacuzzi del hotel... Claro, uno no es de piedra, y me tuve que dejar agasajar. El caso es que el supertío lo veía como algo normal, algo demasiado normal, como que había otros jovenazos cerca y les miraba con ganas de marcha, por lo que no podía evitar preguntarme, ¿eran ellos los incomprendidos y necesitaban una mano amiga para ser escuchados o era yo que hacía mucho tiempo que nadie me halagaba y estaba necesitado de roces? Yo solo flipaba. No por la situación, cosas más raras me han pasado, pero ver al abuelete como veía también el tema y no decía nada... incluso se piraba a la habitación para que el megatío hiciera lo que le daba la gana (follarse al super chulazo con el que estaba ligando). En fin que visto el panorama yo puse pies en polvorosa enrollándome con el primero que encontré, que tampoco estaba mal, por cierto. Un príncipe digno de cuento, afrancesado pero no francés, de largas piernas y tez morena. 

Cuando besé los labios de mi príncipe no pude no preguntarme qué sentiría aquel supertío al besar los labios carnosos del hombretón y viceversa, al saber que mi supertío se había estado restregando con otros tíos. Aún así conozco a Sugar Daddies que cumplen a rajatabla con las leyes de la monogamia, que no complacen con deseos lujosos y mucho menos lujuriosos. Supongo que será uno entre un millón y que este gran amigo mío es un afortunado por haberlo encontrado. A pesar de todo, y de no haber sacado apenas ninguna foto de las vistas ni los museos; amigos, ya he descartado, por raro que parezca, una gran parte de los hombres pretendientes a mi trono. Tener a un supertío, pase, pero un hombre que me pague por estar con él y complacerle, a aquello renuncié totalmente. 

sábado, 4 de junio de 2016

Charla un poco, machaca menos.

Todos los chicos, o al menos casi todos, vemos porno y nos masturbamos. Bueno, que hostias, nos pajeamos viendo porno. Sin embargo, ¿dónde está el límite? ¿Se puede llegar a un punto en que sólo nos pongamos cachondos viendo porno o es simplemente un estimulante más para poder ser una total bestia animal en la cama? Pues la cuestión es que la adicción al porno existe... Ahora, para ti, ¿es una simple fantasía o se ha convertido en adicción?

El caso es que no hablo de esto por propia experiencia.... Ayer cuando fui a la playa, entre cuerpos esculturales y señoras en topless nos preguntábamos, mis amigas y yo, si esto era cierto. En uno de los casos me comentaban que un chico veía tanto porno que luego le costaba ponerse a tono con su novio. Se había acostumbrado a ver cuerpos de gladiadores espartanos y luego la realidad dejaba de motivarle, se venía abajo. Otro directamente me decía que a veces le costaba acabar con su chica si no se imaginaba porno cuando estaba con ella. Algo que aún desconozco si catalogarlo como negativo o no. Luego está el mítico hombre que dice no ser adicto al porno, o niega indudablemente que lo ve, pero en la cama no para de ordenarte que le digas guarradas, gimas o incluso llegues a repetir en varias ocasiones Oh fuck me, yes, yes. Viceversa también pasa, pero este es un tema algo más escabroso ya que, ¿por qué nos avergonzamos en persona a decir cosas que no lo hacen por whatsapp o mensajes de texto? 

A mí en concreto es algo que nunca me ha afectado. Sí que es cierto que me masturbo bastante a menudo (viendo porno, claro), pero diferencio mucho entre estar a solas y estar con alguien más. Cuando estoy yo solo es más por relajación, aburrimiento, rutina... y es algo bastante cotidiano, tanto o más que limpiarse los dientes. Cuando estoy con alguien lo veo como un momento bastante especial e íntimo y me centro más en las sensaciones: tactos, olores, acercamientos, caras, actitudes... Es que incluso cuando he quedado con el típico que para entrar en calor te pone una porno, me ha dado incluso un poco de rabia; ¡qué estoy aquí y no en la tele! Son dos experiencias completamente diferentes. Es como eso que dicen que el chocolate es un sustituto perfecto del sexo, pues igual con el porno. No obstante, ¿cuando suficiente se convierte en demasiado?

miércoles, 1 de junio de 2016

Por el poder de tres.

Erase una vez, en una ciudad mágica como Madrid, una joven que se enamoró. Una noche el novio de una de mis amigas le preguntó la pregunta incuestionable después del sexo: ¿Cuales son tus fantasías? Ella, pensando en el momento tan tierno y dulce que podría llegar a ser el post-coito, no supo qué contestar no obstante, él ya estaba dándole una respuesta: hacer un ménage à trois. Para alguien tan delicada y frágil cómo se hacia apodar mi amiga, era impensable la idea de compartir la cama con dos pechos más que no fueran los suyos. Sin embargo, así era mi amiga tan pija como contradictoria, por lo que no descartó la idea de llevarlo a cabo. ¿Cuando se convierte una pareja en un juego extraño de dos más uno? ¿Dónde empieza el punto exacto de la esquina dónde se pierde la pasión? Dónde todo cambia. Dicen que todos tenemos un límite. Un punto final. ¿Y cuando el todo equivale a tres en la cama? Entonces el final se convierte en puntos suspensivos, y ya nadie sabe lo que puede suceder. A veces, si sumamos pieles, sumamos conflictos, por lo que salí a investigar a cerca de ello.

En esto de los tríos y manifestaciones de número mayor suele ocurrir una cosa, y es que siempre se acaba eligiendo a uno como favorito. Lo ideal sería un todos contra todos, o un rollo circular pero, al parecer, lo mejor de hacer un buen trío es ir de estrella, el que se apunta para que la pareja se lo follé y se va. El invitado. Te diviertes y no tiene por qué afectar a tu vida sentimental. Y en el caso de estar en pareja, lo más importante es que la otra persona no sea un amigo, alguien desconocido. No sé, alguien que conoces en un bar, o en un avión. Eso sí, de pasar de ahí a algo estable ya es otro cantar. Mi amiga no paraba de repetir: Mario* es genial, Mario es estupendo, cómo me lo come Mario... Y es que lo que era una fantasía se estaba convirtiendo en algo mas estanco. Y si hasta la más redimida de mis amigas pensaba en un ménage à trois, quién no lo pensaría. Había más anuncios en el periódico para buscar un trío que para desratizar un piso por mil pavos al mes. ¿Quién respondería a esos anuncios?

  • Chico educado, con estudios universitarios, para matrimonio o pareja SÓLO para ella. 
  • Jefazo de empresa busca un par de chicas calientes para fantasía en su casa de verano. Gordas no, gracias. 
  • Encantadora profesora de instituto busca dos hombres para hacer realidad todas sus fantasías, podéis ser negros o latinos. Necesito vuestra polla, ya. 

No había duda de que a los hombres y las mujeres les gustaban los tríos. Igual es el síndrome Supernena o algo así… Y es que el mundo se forma en tríos.  El número tres nos acompaña a lo largo de la historia como un número casi sagrado. Entera, semidesnatada, desnatada; Primera, Business, Turista; Juanito, Jorgito, Jaimito… quizás lo extraño fuera hacerlo con una persona. Quizás los tríos fueran las relaciones del futuro. ¿Tenía razón mi amiga y eran los tríos la nueva frontera sexual? ¿Durante cuánto tiempo? ¿Dormirían en una cama de matrimonio normal o sería una especial? Aún así, el interrogante seguía ahí.

Yo hasta que lo experimente creo que con encontrar pareja tengo bastante. Pareja de yo y otro, quiero decir. Aunque al fin y al cabo, supongo que el trío es inevitable. Porque aunque seas la única persona en la cama, siempre ha habido otra antes que tú.

*Nombre cambiado para proteger al verdadero inocente.